El asesino era desalmado, calculador: la heladera caería desde la tribuna y le aplastaría el tórax cuando se aprestara a patear el córner. Pero al llegar el momento de la verdad... se amedrentó.
Arrestado al salir de la cancha, la policía reportó que "no mostraba ningún tipo de emoción (violenta)" y recomendó al público que "no se lo tomara tan a sangre".
(PD: Agradecemos a Melina por esta síntesis criminalístico-futbolera. Ojo, tenés un solitario acompañante)
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