Nadie personificó mejor que él lo que significaba ser fotógrafo de vinos varietales a principios de siglo.
A través de su lente, los reflejos aterciopelados de malbecs y cabernets, syrahs y zinfandels quedaban plasmados en un vivísimo blanco y... beige.
(Este anónimo amante de los ocres inmaculados no está solo. Como muestra basten estos cachorros de raza)
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