Errar es humano. Perdonar es divino. Pero tocarle la cola a la hija del jefe ya es irse al demonio. Esto termina con una patada en el tujes.
Es como dice el refrán: el diablo sabe por diablo, pero más sabe por torpe.
(Gracias, Judith, por dejarte llevar por el fragor de la lucha y ceder a las satánicas equivocaciones de refranes.)
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