lunes, 21 de diciembre de 2015

"Y yo acá, rebanándome los sesos"

Siempre había soñado con ser neurocirujano, pero no la tenía sencilla. La carrera le demandaba mucho esfuerzo. Se quemó las pestañas estudiando y después no pudo rendir por tener que ir a la guardia con las cejas todas chamuscadas. Pasó varias noches en vela, pero con tan poca luz no podía ver ni el trazo del resaltador. Se tragó apunte tras apunte, pero la celulosa le daba ardor estomacal, se atoraba con el anillado y volvía al hospital.

Pero es así. A veces analizar algo demasiado puede ser contraproducente. Nos dejamos llevar por la corteza cerebral y no podemos aprehender el verdadero problema a resolver. Hay que librarse de los prejuicios e intentar lo improbable: durante su siguiente visita al nosocomio, en un epifánico rapto, se internó para realizarse una lobotomía y zanjar el asunto.
"¡Mozo, mádcheme un zandwich de jamón y zezo entde dos devanadaz de pan!" se le escucharía más tarde pedir alegremente, ya desprovisto de ese molesto lóbulo frontal. Acto seguido caía de fauces sobre las hojas del libro de anatomía y se ahogaba en su propia baba.

(Agradecemos a la incauta que, atrapada en la complejidad, llegó a recursos extremos. No estás sola, miles se han volcado al feteo cerebral)

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