De niño, al escuchar esta frase, siempre me imaginé unos camisones para dormir muy apolillados, como con agujeros de bala. Quién iba a querer meterse en uno de esos, no?
Esos entendimientos infantiles son hermosos. Cuenta una leyenda familiar cercana que una niña (hoy madre) llegados los postres en un restaurant, esperó para ser la última en pedirle al mozo y cuando le tocó, con la timidez de estar haciendo algo prohibido y apurada para que no la retaran dijo "Para mí, peras al olmo".
De niño, al escuchar esta frase, siempre me imaginé unos camisones para dormir muy apolillados, como con agujeros de bala. Quién iba a querer meterse en uno de esos, no?
ResponderEliminarEsos entendimientos infantiles son hermosos. Cuenta una leyenda familiar cercana que una niña (hoy madre) llegados los postres en un restaurant, esperó para ser la última en pedirle al mozo y cuando le tocó, con la timidez de estar haciendo algo prohibido y apurada para que no la retaran dijo "Para mí, peras al olmo".
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